Escuela para Padres

Educación y Familia

En el Liceo de León lo primero son los padres, después los profesores y luego los alumnos. Los padres son los primeros, ya que ellos tienen la primera responsabilidad de estimular la educación, los profesores son mediadores en el estímulo y la orientación de los alumnos, y los alumnos son los llamados a realizar en sí mismos la educación.

El fin del quehacer educativo es hacer a los hijos capaces de encontrar la alegría de vivir. Aspiramos a la felicidad, a alcanzar la más alta perfección a la que cada uno está llamado.

Autoridad, amor, paciencia

Para su oficio de padres necesitan dos virtudes para obrar, autoridad y amor, y una virtud para subsistir, la paciencia, que es fortaleza para resistir y que con un tinte más activo se puede llamar constancia.

Un buen principio de educación es que la conducta de los padres no desmienta la enseñanza de sus palabras. Cualquier perfección que quieran estimular en sus hijos han de poseerla, o aspirar a su posesión. De aquí la importancia de los profesores, que vayan en una misma línea con el pensamiento y actuar de los padres. En el Liceo de León los profesores son maestros de vida.

Quien no intente ser cada vez un poco mejor, más ordenado, mejor trabajador, más generoso, no puede aspirar realmente a educar.


Importancia del ambiente

El ambiente de una familia no se encuentra, se construye, con pequeños pero repetidos actos de generosidad y renuncia, van creando día a día, el marco adecuado en el que crece la alegría de vivir. Ese ambiente es valiosísimo y ha de preservarse pues no tiene precio. En el Liceo de León reunimos a familias que luchan diariamente por conseguir los mismos valores y actitudes de tal manera que realmente cada familia es una red de apoyo para las demás.

Liceo de León. Mejores padres, Mejores familias, Mejores profesores, Mejores alumnos.


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